Assumpta
Bassas –A través de tus obras y de tu trabajo con las imágenes
y el punto de vista, ¿qué podrías aportar a la
reflexión sobre el tema “el placer de ser cuerpo”?
Eugènia Balcells - De momento he decidido llamar a mi contribución
Atravesando Lenguajes, que es también el título de una
videoinstalación sobre el cuerpo – concretamente el cuerpo
de la mujer – que realicé en Nueva York en el año
1980 en colaboración con Marta Moia, antropóloga y Noni
Benegas, poeta. En esta obra ofrecía la visión en paralelo
del cuerpo de la mujer vehiculado por los medios de comunicación,
condicionado por estereotipos culturales, y del cuerpo de la mujer libre
estando- siendo. La instalación de vídeo consiste en un
primer canal con imágenes del concurso Miss Universo del año
1981, donde los cuerpos de mujeres generalmente semi-desnudas para ser
evaludados, pesados y medidos. Se utiliza la cámara de forma
absolutamente canónica y lineal, es decir, plano general, plano
medio y “close up”. De esta manera, la visión se
apropia del cuerpo femenino y éste deviene sometido y utilizado.
En el otro canal se muestra el cuerpo de dos mujeres en diálogo
compartiendo su privacidad, filmado a través de una cámara
móvil, montada en un sistema de ruedas. En este caso, el punto
de vista nunca es fijo y no se puede delimitar la acción de los
cuerpos. Así se puede conceder al cuerpo todo su espacio y toda
su identidad, es el cuerpo estando-siendo. También la noción
del espacio es completamente diferente. El espacio se hace fluido, todo
es posible cuando el cuerpo no tiene una representación fija,
cuando ocupa un espacio variable que puede ser enorme o muy pequeño,
cuando el cuerpo no está condicionado culturalmente, cuando es
libre.
A.B – Entonces, en esta obra estabas hablando no sólo
de cómo se representa el cuerpo femenino en los medios de comunicación
sino de cómo existen alternativas a la mirada que crean otra
noción de cuerpo.
E.B - La representación siempre es siempre una creación.
La representación tradicional va repitiendo unos modelos fijos.
Se trata de salirse de estos modelos para dar visiones nuevas que amplíen
nuestras referencias.
A.B – Estás hablando pues de atravesar aquellas formas
de lenguaje que nos limitan y utilizar e inventar otras que nos permitan
ser. ¿En qué otras obras desarrollas esta noción
del cuerpo estando-siendo?
E.B – Mira, por ejemplo en mi obra reciente Un espacio propio
(1999) que elaboré a partir del trabajo de Virginia Woolf y como
homenaje a ella. En esta instalación relaciono el cuerpo de la
mujer con la “Madre primigenia” que es el mar, la fuerza
de la que surge todo. Las primeras amebas, los primeros elementos unicelulares,
la primera materia viva en este planeta ha surgido del mar y ésta
se desarrolló hasta que aparecieron los anfibios, que fueron
los primeros animales capaces de respirar directamente el oxígeno
y que evolucionaron hasta llegar a nosotros. Mi punto de partida fue
la pintura de Botticelli “El Nacimiento de Venus” , donde
Venus nace del mar y surge de la concha como una forma totalmente acabada.
A esta imagen cultural y estática del cuerpo de la mujer quise
contraponer la imagen de un cuerpo y por lo tanto de un ser que está
constantemente naciendo y constantemente recreándose. Quise ver
este cuerpo en el mar, haciéndose y deshaciéndose, apareciendo
y desapareciendo con cada ola, de manera que nos diera una imagen más
próxima y más completa con la que pudiéramos ese
cuerpo estando-siendo. No somos un producto acabado, sino que estamos
constantemente haciéndonos, reinventándonos. Esto nos
da una responsabilidad pero también un poder mayor sobre quién
somos y sobre nuestra propia forma. Quería encontrar una representación
de lo que creo es la esencia del ser y de la vida : el ritmo. Las olas
del mar son para mí la imagen física más clara
de esta idea. El placer de ser cuerpo está ligado a esta conciencia
de hacerse y deshacerse, a esta danza permanente del ser y el no ser.
A.B –¿Estás hablando del dejarse hacer también?
E.B – Creo que se trata de dejarse hacer y de hacer también,
de rendirse y dejarse modelar por la naturaleza y también de
luchar, para que las olas no te tumben, aguantarlas para no ahogarte.
A.B – ¿Dónde está el eje de ese cuerpo
que se hace y se deshace en ese ritmo? ¿Existe un eje para vertebrarlo?
E.B –El eje es móvil, está en la danza misma
y en un cuerpo sabio que encuentra su eje en su propio interior.
A.B – ¿En una obra anterior trabajabas con el cuerpo
masculino por qué?
E.B – El trabajo a que te refieres lo hice con un hombre, Sjabbe
Van Selfhout, pero podía haberlo hecho con una mujer. Lo que
realmente trataba es de la multiplicidad: nosotros/as somos una danza
múltiple. Descansan como en la casa materna I, que forma parte
de mi obra En Tránsito (1993), consistía en cuarenta fotografías
de Sjabbe, en todas en desnudo y sin ninguna manipulación de
maquillaje o de ambientación, sobre un fondo blanco de luz. Estas
imágenes están suspendidas en el espacio formando un gran
círculo, visible desde los dos lados, con un gran espejo convexo
en el centro. A través de las imágenes de su cuerpo, Sjabbe
pudo mostrar realmente todos los personajes, porque ya estaba muy cerca
de su propio tránsito, de su propia muerte. Se manifestaron el
niño, la debilidad, la parte femenina, el gigante poderoso, y
vi claramente su muerte y su nacimiento, la alegría y el dolor,
es decir, toda esta danza de personajes: el animal, el hombre salvaje,
lo primitivo que era casi como un lobo o como un perro y también
un caracol cerca de la oreja, como seres ancestrales y antiguos de los
cuales nosotros provenimos y de los que mantenemos memoria en nuestras
células. La danza de todos estos personajes que no eran más
que él mismo. El espejo central reunía todas las imágenes,
representando el eje de la danza. Este centro donde todos estos personajes
se reúnen, junto con el círculo, es la representación
del Yo (Selbst). Este esquema circular es también la representación
del Sol. La instalación Rueda de espejos que formaba también
parte de En Tránsito consistía en un a rueda de espejos
en la que el visitante podía verse simultáneamente reflejado
de todas las maneras, desde todos los ángulos, en el interior
y exterior del círculo, sugiriendo también esta danza
múltiple.
A.B –En otra de las instalaciones de En Tránsito presentabas
un negativo de ese cuerpo, una especie de radiografía de su interior.
E.B –Sí, las mismas imágenes en negativo del cuerpo
de Sjabbe se proyectaban ampliadas sobre la pared pintada de plata y
se iban fundiendo unas en las otras . Se trataba de Descansan como en
la casa materna II. Es un trabajo centrado en la energía. Al
invertir la luz, ésta parece salir de todo el cuerpo, de los
orificios de la nariz, de las manos, de los ojos y de la boca indicando
el contenido energético sin el cual esta danza no sería
posible. No podría haber danza, no podría producirse ese
placer de ser cuerpo si no fuera por esa energía que nos inunda,
que nos llena y que va más allá de la sangre. Esta pura
luz, según los orientales, recorre todos nuestros chakras, el
sistema energético de nuestro cuerpo, y se manifiesta en unos
centros físicos. Es una energía que tiene un componente
físico y otro no físico. Es complicado hablar de esto
pero no tenemos más remedio que referirnos a ello con las palabras
que tenemos.
A.B – Todo tu trabajo habla de alguna forma de que la noción
material de cuerpo y la inmaterial (sea la función cognitiva,
la dimensión espiritual...) son indisociables.
E.B – No se pueden separar porque la condición de existir
en esta dimensión es existir como cuerpo, es decir como materia
y toda materia es a su vez espíritu. Para mí son indisociables,
hablar del ser es hablar del cuerpo y hablar del cuerpo es hablar del
ser, no los puedo separar.
A.B – En la obra En el corazón de las cosas (1998)
la imagen del cuerpo humano no está presente directamente sino
a través de la metáfora de la casa y en cada uno de sus
espacios, que tú identificas con funciones vitales. De esta manera,
¿estabas trabajando los diversos los niveles de significación
del cuerpo en una escala que relaciona lo micro con lo macro?
E.B – Exactamente. Además yo relacioné los
cinco elementos de la alquimia con los lugares de la casa. Asocié
el aire a la comunicación y a la sala de estar , el centro de
comunicación de la casa, donde conversamos tranquilamente en
un sillón, vemos la televisión, escuchamos la radio, discos
y música y a través de la literatura nos conectamos con
a historia y el conocimiento. La sala de estar es un gran centro en
el que intercambiamos información a todos los niveles: familiar,
social y planetario. Pienso que es muy importante entender lo que sucede
en cada espacio de la casa, no desde las paredes hacia dentro , que
es tal y como se entiende normalmente, sino, comprendiendo la totalidad
y la simbología de estos espacio, a partir de lo que sucede realmente
en ellos. Esto es lo que intenté hacer. Por lo tanto, asocié
la cocina al fuego, es decir, al diálogo entre el frío
y el calor, a la transformación alquímica de los alimentos
para preparar nuestra nutrición. El comedor me parece el lugar
del banquete, de la comunión. Donde compartimos los alimentos,
primero en el ámbito familiar, después en el social y
finalmente en el ámbito planetario. Relacioné el dormitorio
con el espacio y con la creación, entendida no solamente como
reproducción, creación de otro ser humano en un acto de
amor, sino como lugar del sueño y de la creación de proyectos
e ideas. El dormitorio, es en realidad, un gran centro de creación.
Finalmente el baño está asociado al agua, a la purificación
y al bautismo, esto es, el agua que cada día nos está
limpiando. Si por un momento nos imagináramos el mundo sin agua,
sin poder limpiar nuestro cuerpo, nuestra ropa, los platos que se acumulan
un día tras otro y nuestro entorno, nos daríamos cuenta
de lo básico e importante que es el agua. Daríamos gracias
a esta gran madre de la que provenimos y que además nos nutre
y cada día nos abraza, nos acaricia, nos limpia. Como no comprendemos
estos elementos desde un lugar realmente fuerte, tenemos que recurrir
a las normas. Hemos maltratado a la naturaleza pensando que todo el
mundo material está a nuestro servicio sin darnos cuenta de que
se trata de nuestro propio cuerpo. Creo que hemos de honrarnos a nosotros/as
mismos/as, a nuestro cuerpo y al mundo, conceptos totalmente olvidados
en nuestra cultura.
A.B –Creo que también has trabajado alguna vez la relación
que se da entre dos cuerpos y dos seres que se encuentran.
E.B – Sí , la obra ‘Sincronías’ (1995)
que presenté en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía
en Madrid es la danza del dos, es el encuentro, el abrazo, el baile
que representa que dos seres se comuniquen, al nivel que sea, en un
momento dado. Como hice en la obra ‘Traspassar límites’
(1995) hay dos imágenes que se encuentran manteniendo su brillo
inicial, es decir que se funden sin anularse la una a la otra. Para
Sincronías me inventé un sistema de pantallas giratorias
con una doble proyección de vídeo: la imagen de una persona
desde un lado y la otra persona desde el lado de manera que al ser proyectadas
sobre las superficies translúcidas de las pantallas, se relacionan
en el movimiento. Al girar las pantallas, una serie de personas se encuentran
en esa gran danza de relaciones. Esto sucede a un doble nivel, formando
una especie de árbol de familia. Se trata de un sistema compuesto
por dos balanzas, con una pantalla giratoria y dos proyectores en cada
una, unidas a través de un sistema de poleas con un gran peso
dorado en el centro que las mantiene en de alguna manera simboliza el
eje invisible que sostiene toda esta danza múltiple.
A.B – Hablas siempre de nociones del cuerpo sano y de comunicación
profunda, ¿no te interesa trabajar el cuerpo enfermo o el camino
hacia la curación?
E.B –Creo que en este momento nos hace falta tener imágenes
que nos inspiren, porque imágenes de enfermedad y desarmonía
las tenemos rodeándonos hasta la saciedad - sólo hace
falta poner la televisión un segundo. El análisis de las
razones por las que las cosas no funcionan es necesario pero no podemos
quedarnos sólo en esto. En la medida que nos sanemos y mantengamos
en nuestra mente imágenes del mundo como un lugar apasionante,
lúcido, armónico, de imaginación y de creatividad,
estas imágenes se harán visibles. De esta curación
depende el placer de ser cuerpo.
A.B –¿En que tradición de imágenes sitúas
pues tu trabajo?
E.B – Trabajo con imágenes de distintas culturas. Los grandes
sabios de todas las culturas nos han dejado un legado muy importante.
Creo que vale la pena, en nuestro viaje hacia delante, recuperar lo
de atrás, no para repetir unos ritos y unas formas, sino para
recuperar las esencias de la sabiduría, para actualizarlas en
nuestro cuerpo y en lo que nos rodea, inventando nuestro cuerpo y nuestro
mundo.
A.B –Entonces,¿tu crees que el poder de las imágenes
es importantísimo en este sentido?
E.B –El poder de las imágenes y el poder del lenguaje es
enorme. Al principio era el verbo, es decir la palabra configura la
realidad, es como un mandato, y las imágenes lo mismo. Las palabras
y las imágenes son los dos grandes poderes. Mantener en nuestra
mente una imagen catastrófica es llamar literalmente a la catástrofe.
Mantener en nuestra mente imágenes enfermas es evocar la enfermedad.
Hacer el esfuerzo de que nuestra mente, que no está acostumbrada
a ello, cultive, como en un jardín, visiones hermosas es crear
el mundo en el que queremos vivir. Y no nos confundamos, no estoy hablando
de imágenes blandas sino de imágenes a las que se ha llegado
desde el conocimiento, habiendo pasado por la duda, la enfermedad y
el dolor, sin huir para pasar a una especie de paraíso artificial.
A.B –¿Podrías
poner un ejemplo, de una de estas imágenes que tiene ese potencial
de significados simbólicos y que nos sitúan en la comprensión
del cuerpo sabio?
E.B –Claro,
una imagen preciosa, muy conocida y que de alguna manera revela y resume
lo que estamos hablando: se trata de la última imagen del Tarot,
llamada El Mundo. Consiste en un cuerpo en el centro, con una orla y
cuatro imágenes en las esquinas. Según la interpretación
de Sallie Nichols, analista junguiana, el cuerpo central es un bailarín/a
que se apoya solamente con un pie en el suelo, con sus dos brazos abiertos.
Lleva una especie de pañuelo que le cubre parcialmente, no por
pudor porque está enseñando el pecho. Tiene el pelo, el
pecho y la cara de mujer pero la cadera estrecha y las piernas más
bien masculinas dándonos la idea de que podría tratarse
de un ser en el que se combinan lo femenino y lo masculino. Es un ser
simbólico en el que de alguna manera los opuestos se han llegado
a combinar, un bailarín/a en su danza. Sostiene dos barras, una
en cada mano, que representan lo positivo y lo negativo, los dos polos.
Estamos en un mundo polar y este bailarín no está más
allá de la polaridad sino que la baila, enmarcado/a por esa gran
guirnalda que es la naturaleza, un círculo o un óvalo,
que lo/a rodea. Fijate, volvemos a la imagen de centro que es la imagen
del Yo de la que hablábamos al principio, del “Yo mismo”
que ha conseguido llegar al fin de su viaje. Es decir, renacer a un
estado de conocimiento. La forma ovalada de la guirnalda sugiere también
los labios de una vulva, de un sexo femenino, de manera que este ser
está naciendo. Sugiere también una semilla. Nacer al estado
de conocimiento es nacer a la danza, al cambio permanente, sintonizada
con la naturaleza y con los dioses, donde se es con plenitud un “cuerpo-ser”.
Esa danza simboliza, como la danza sagrada de Shiva, la creación
y la destrucción permanentes. Respecto a los personajes que rodean
al bailarín-bailarina, los dos superiores, un ángel y
un águila son alados y los inferiores, un león y un toro
no lo son. Los cuatro personajes representan las cuatro direcciones
del espacio y en la cultura judeocristiana los cuatro evangelistas.
En realidad, se refieren a las cuatro potencias: el toro, representa
la tierra, la estabilidad, la paciencia, la perseverancia y la sustancia
pura; el león representa el fuego, la creación, el espíritu
encarnado y la resurrección; el ángel representa el aire,
también el signo de acuario y la relación ideal, la búsqueda
de la verdad, la fraternidad universal y la relación del conocimiento
perfecto con la forma perfecta y el águila representa el agua
y el poder emocional, es el ave Fénix que renace de sus cenizas
y representa también la muerte y la regeneración. Me gustaría
acabar con estas cinco líneas de los Four Quartets de T. S. Elliot
:
En el quieto
punto del mundo que gira.
No era carne, ni estaba sin ella;
ni procedía de ni iba hacia...
en el quieto punto, allí está la danza,
pero ni detenida ni en movimiento.
Podemos pensar en este punto como el eje de la danza, el centro en el
cual, las imágenes se van trenzando. Esta trenza hace que todo
esto tenga un sentido personal, encarnado. Es la esencia del yo mismo,
el eje que pasa a través de todos los chakras, y está
conectado con el cosmos y con la. Sería como un hilo de plata
muy fino que pasa por todos nuestros centros energéticos.
A.B –
Esta última idea me sugiere tu obra del vestido suspendido que
gira en su propio eje y está habitado por la luz que a la vez
lo conecta con la tierra y con el cielo.
E.B –
En cierto modo si, pero el vestido es lo que lo contiene. El interior
vacío sería propiamente la luz, esto es , el ser, el conocimiento
puro, absoluto. En la medida que nosotros/as conectamos con esta luz
tenemos mucha más libertad de bailar sin perdernos ya que estamos
conectados/as con un eje que a la vez es nuestro y cósmico. La
imagen del ser/cuerpo como bailarín/a es una imagen muy hermosa,
pero no se corresponde con la imagen fija, conecta el microcosmos con
el macrocosmos y representa un lugar de gloria. Este seria nuestro ser
completo. Es un ser libre, un ser que puede mostrarse en su desnudez,
pero que tiene un cierto pudor de tapar unas partes porque son su fuerza
y su secreto personal, su laboratorio íntimo, pero está
elaborando las esencias. Este ser completo, que ha llegado al final
del viaje, a la culminación del viaje encarna el placer de ser
cuerpo.