DUODA Revista d'Estudis Feministes núm 18-2000
EUGÉNIA BALCELLS, a cárrec d'Assumpta Bassas

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Eugènia Balcells (Barcelona, 1943) es artista. Formada en la Universidad de Iowa (Master en Arte, 1971) se instaló en Estados Unidos durante dos largos periodos de su vida y desde 1988 vivió a caballo entre Nueva York y Barcelona, ciudad en la que ahora reside. Sus primeras obras la sitúan en el ámbito de investigación del arte conceptual, una tendencia de vanguardia en la que, por primera vez en Cataluña, las mujeres participan como protagonistas. Su concepción multimedia de la práctica artística es también pionera entre los/las artistas de su generación en España. Partituras, videos, películas, instalaciones audiovisuales, performances, libros de artista y murales son algunos de los soportes y lenguajes utilizados por la artista. Sus últimas exposiciones han sido Sincronías (1995) en el MNCARS y En el cor de las cosas (1998) en el Tinglado 2 de Tarragona A finales del mes de febrero presentó una nueva obra en la exposición colectiva que inauguró la Galería 44 en Barcelona.
Para esta primavera, Eugènia Balcells trabaja en un proyecto sobre Virginia Woolf en colaboración con la teórica literaria Nora Catelli, que se presentar en el Centre de Cultura Contemporánea de Barcelona (CCCB) dentro del ciclo "Los faros del siglo XX".

A finales de los sesenta, durante tu primera estancia en los Estados Unidos (1968-75), tuviste ocasión de vivir la emergencia de los movimientos sociales que luchaban inspirados por una utopía, un sueño compartido. Tu último trabajo, Invitació a L'abundància (1999), también habla de sueños. En este caso, parece tratarse de deseos individuales, formulados a través de la fantasía en forma de cuentos.
¿De qué forma relacionarías el deseo con la utopía?

El deseo es el motor, el impulso interno que se origina en las aguas del pozo personal y profundo. Cuando llegamos a estar conectadas con nosotras mismas, el deseo nace de la pura esencia. La utopía sería como una suma de deseos y sueños particulares que elaboran un tejido común donde es posible la vida para todos. Creo que los deseos profundos de nuestro ser coinciden: todos queremos ser felices, todos queremos crecer, desarrollarnos, vivir con posibilidades, todos queremos ser bellos, todos queremos, profundamente, compartir. Tanto los deseos como las utopías son muy importantes.
Por otro lado, me gusta mucho la idea de laboratorio. La utopía como laboratorio de sueños. Ahora que las utopías están desacreditadas, para mi es esencial recuperar la imagen de laboratorio. No se trata de implantar una nueva utopía pétrea e inamovible, sino de crear un lugar para el sueño. Soñar es esencial, está en la base de todo: soñar un lugar mejor para las mujeres, para los niños, para los hombres; soñar una posibilidad de más justicia social, de mucha más felicidad, de belleza, de brillo, de encuentro, de comunión.. etc.
Todo esto no sólo es un sueño lícito sino necesario. Entramos en el siglo XXI muy bajos de sueños.

¿De qué manera los cuentos infantiles y populares son un referente para ti en ese proceso de análisis y proyección del deseo?

En este momento, estoy muy interesada en los cuentos. En esta última instalación los trabajo directamente. Invitaciò a L'abundància está hecha con copas que contienen en su interior objetos minúsculos. Como en los cuentos, aunque estas cosas se vean pequeñas son muy grandes. Parecen pequeñas porque las vemos de lejos, porque las intuimos, porque están en el inconsciente pero, en realidad, son inmensas. En estos pequeños objetos están todos los grandes arquetipos: el guardián, el hada, el castillo, los enanos... etc. Los enanos son los grandes trabajadores del inconsciente, se hallan en el interior de la tierra recogiendo las riquezas. Fíjate que los hacedores de este trabajo también son minúsculos, pero tienen mucho poder! Los enanos te pueden conceder un palacio y pueden transformar la paja en oro. Esto tiene mucho que ver con la alquimia.
El trabajo interior también funciona así.

En los cuentos encontramos los arquetipos y las sombras, que trabajó Jung y considero referencias muy importantes. Por un lado, siempre nos encontramos con el príncipe y la princesa, una serie de tareas que hay que hacer para llegar a la boda y el reino. Por otro lado, tenemos las sombras que son el trabajo con la dificultad. Encontrarte en el bosque con lo salvaje, por ejemplo, el dragón, y tener que atravesarlo. No es lo mismo ignorarlo o escaparte, tienes que vivir esas sombras para llegar a un lugar de conocimiento mucho m s profundo: la boda. Me refiero a una boda interior, la boda alquímica, la unificación de los poderes: de lo masculino y de lo femenino. A partir de ahí, se llega al reino. ¿Qué quiere decir el reino? La posibilidad de reinar en nosotros mismos, ser dueños de nosotros mismos y d‚ nuestro lugar. Esto es un aprendizaje largo que en los cuentos populares de todas las culturas están de una forma muy simple pero muy fuerte. Los cuentos son muy iniciativos y no son sólo para niños. Los niños están muy conectados con el inconsciente propio y con el colectivo. Después, la cultura nos impide en cierta esta conexión. Las copas en lnvitaciò a l'abundància contienen liquido de colores que sugiere ese inconsciente. Hay mucha gente que ha hecho trabajo sobre este tema. Los discípulos de Jung, por ejemplo, M.L. von Franz. Ahora estoy leyendo El camino del despertar los cuentos de Ana Maria Schlüter, una maestra zen.

Actualmente, en nuestra cultura, esta lectura profunda de los cuentos no se considera fuente de conocimiento.

No, y además se ha perdido completamente la costumbre de leer un cuento en familia. Por un lado, creo que la idea de leer en voz alta se tiene que recuperar urgentemente. Creo que es importantísima porque significa estar compartiendo realmente este río que es la palabra y el significado.

De hecho, esta exploración de los arquetipos en los cuentos, me recuerda tus películas experimentales e instalaciones de finales de los 70, donde investigabas lo que podríamos considerar cuentos modernos. Mostrabas cómo las películas de Hollywood, la publicidad y la cultura visual en general presentaban los nuevos príncipes y princesas, las bodas y los palacios pero completamente vacíos de significados transcendentes. Por ejemplo, la película Boy Meets Girl (1978), la instalación Re- prise (1977), el libro Anar i Tornar (1979) que realizaste con Carles Hac Mor. Sin embargo, a la luz de Invitació a l'abundància, parece que esas mismas obras también podrían leerse desde otro ángulo...

Siempre miramos las cosas desde lugares distintos. Vamos haciendo nuestra ida y vuelta, nuestro círculo de retorno en forma espiral. En este viaje, que repetimos muchas veces, nunca llega exactamente al mismo sitio. Soy la misma persona que hizo trabajo Fin (1978) donde exploraba el guión de la fotonovela, encuentro del hombre y de la mujer que se prometen felicidad para siempre. En aquel momento, hice una lectura muy crítica de esos finales. Me interesaba señalar que, en realidad, el fin de la fotonovela es un principio, porque lo interesante es saber qué pasa después de esa declaración. Hoy en día, a un cierto nivel, continúo manteniendo una posición crítica. Sin embargo, lo que ahora estoy haciendo es señalar que, por encima del estereotipo está el arquetipo. En este caso, el arquetipo tiene que ver con la unificación de lo femenino y lo masculino. Creo que es importante darse cuenta de que este arquetipo nos rige y debemos honrarlo a doble nivel: a nivel interior para que la unificación pueda suceder en nuestro propio interior y nivel externo. Me refiero a que es importante no deshacer el equilibrio cuando reivindicamos nuestro espacio propio. Hemos visto muchas mujeres que, para estar en el ámbito de la política, por ejemplo, han tomado el rol masculino y han acabado haciendo una caricatura de él. Pero, finalmente ¿quién sufre? La parte femenina.
Creo que, en este momento, hemos de ser conscientes de este desequilibrio y evitarlo. Evitarlo -y ahora ya voy a utilizar una palabra difícil- a partir del amor.

Hablar del amor no está muy de moda, y menos en el mundo del arte contemporáneo.

No, no está de moda hablar del amor, pero me da igual. Creo que el amor es el gran tema. Ha sido el gran tema durante toda la existencia de la humanidad. Los grandes sabios, tanto los de nuestra tradición como los sabios sufíes y otros, han llegado a poder darle
palabras. El amor es el gran acto, es la actitud, es la luz, es la sabiduría. Todo está ligado. El gran error de nuestra época es creer que esta sabiduría puede existir en abstracto, sólo en la mente. Es como si hubiéramos convertido un río en canales: le hemos quitado
el vigor. Hemos separado la sabiduría del amor, como si se pudiera llegar al conocimiento sólo desde nuestra parte mental. Sabiduría es la totalidad. Los antiguos lo tenían muy claro. Del amor es de donde sale todo, es la fuente que nutre. Hace falta reconocernos más unos a otros, agradecernos más y honrarnos más.

En la configuración de tus referencias vitales y artísticas, a menudo has recuperado tus vivencias junto a las figuras femeninas de tu familia. Por ejemplo, el jardín de tu bisabuela birmana y de su hermana. También has trabajado con objetos procedentes del ámbito de esas relaciones: por ejemplo, el álbum de postales de tu abuela la película Álbum (1975), sus copas de cristal para la música de Invitaciò a l'abundància (1999) y de forma central, en la instalación En el cor de les coses (1999), en la que reconstruyes de forma metafórica la casa de tus padres a partir de los objetos, muebles y electrodomésticos originales. Esta obra está dedicada a tu madre, a tus hermanas, a tus amigas, a tu maestra y, finalmente, como escribías en la dedicatoria del catálogo, a todas las mujeres.
¿Este reconocimiento explícito de tu genealogía femenina y el narrarte a través de esas relaciones con mujeres tendría algo que ver con el proceso del que nos hablas, la idea de resignificar el amor?

Tiene que ver con la necesidad de honrar que te he mencionado. De momento, creo que hemos honrado más lo que nos ha llegado a través de la cultura oficial, a través de los libros generalmente escritos por hombres. En cambio, hemos honrado poco la aportación constante y permanente de todas las mujeres del planeta. Este es el principio de todos los males. Si esta contribución de las mujeres estuviera honrada, la situación sería completamente otra. Por ejemplo, cuando se reunieran las Naciones Unidas, veríamos reunirse a la Madre y al Padre, a las mujeres y a los hombres. No se trata de igualdad de roles pero sí de igualdad de números, que quiere decir igualdad de poderes, que significa igualdad de honra. En estos momentos, me interesa más hablar de honra que de poder. El poder pasa por la lucha y el peligro de la lucha es que condiciona. Honrar, en cambio, es colocar las cosas en su sitio. Si tuviéramos todas las cosas honradas, este planeta sería completamente distinto.

Algunos de tus trabajos parecen iniciar una reconstrucción de tu propio pasado personal incluso, a veces, de situaciones de las cuales huiste en un momento determinado. ¿Qué lugar tiene lo autobiográfico en tu obra y de qué manera concibes la relación con el pasado?

Curiosamente mis trabajos han acabado siendo, en parte, autobiográficos pero en un principio no los proyecto así. Cuando concebí En el cor de les coses, los objetos no venían necesariamente de mi casa sino que me proponía obtenerlos en cualquier sitio. Casualmente, mientras trabajaba en el proyecto, mi familia puso a mi disposición parte de los objetos de la casa de mis padres, de donde yo había salido para casarme. Todos mis trabajos empiezan hacia afuera y después me recolocan en el proceso, me obligan a hacer un trabajo hacia adentro. Por ejemplo, From the Center (1982-83), instalación que hice en Nueva York, al principio estaba como un círculo que trataba de la coexistencia de doce visiones desde un punto fijo, pero todavía no tenía centro. Este hecho me obligó a hacer un trabajo muy importante sobre mi propio centro, que en aquel momento no tenía previsto. Me gustaría que entendieras que trabajo sin saber nada. Tengo una intuición, voy siguiendo el hilo, y se me va revelando, desvelando, y la acompaño hasta que está realizada. Comprendo más la obra, después. Es cierto que estoy muy implicada en mi obra pero no hago autobiografía.

En cuanto a mi relación con el pasado, vuelvo a la idea de laboratorio que te mencionaba al principio. El gran laboratorio es esto: los sueños y la memoria, viviéndolos siempre desde el presente. Se trata de ir a ver que pasó y qué hiciste sin darle un sentido de culpa o de autoflagelación, sino para comprenderlo y liberarlo. El otro día, en el periódico, Vázquez Montalbán y Albert Boadella hablaban precisamente de la necesidad de cultivar la memoria y la utopía en este nuevo milenio. Yo ampliaría el concepto de memoria histórica para incluir también nuestra memoria evolutiva. Es decir, se trataría de tomar conciencia también de nuestro proceso y de nuestro ser biológico. Consideremos tres tiempos: el tiempo histórico que podemos representar con una línea, el tiempo cíclico (las estaciones, el día y la noche, el tiempo de la naturaleza) y paralelamente, el tiempo de la evolución, que sería la suma de estos dos y representaríamos con una espiral. Si desde el presente te sitúas en esta comprensión más global del tiempo y la asumes, puedes incluso limpiar el pasado, dejar ir lo negativo, llenarlo de luz, sanarte, incorporar el aprendizaje y las experiencias de otros y las tuyas.

(Mientras me explica estos tres conceptos de temporalidad y su representación, Eugenia los dibuja sobre el papel que tiene delante). ¿Puedes explicar un poco más esa noción de temporalidad global?

Significa que todo coexiste en la evolución. Por lo tanto, hay muchos tiempos pero no hay ninguno. ¿Qué quiere decir el no tiempo? Que puedes, desde una dimensión de espíritu, acceder a cualquier tiempo que quieras, casi como si estuvieras en un CD. Seria como lo que cuentan esos casos de personas que han tenido una experiencia de muerte. Los describe Elisabeth Kübler-Ross, médica suiza que trabajó cientos de casos similares. Muchos coinciden en la experiencia de ver pasar toda su vida en un segundo, como una película. El no tiempo sería esa suma de todo lo que has vivido, pensado, amado; sería como una gota, como una perla. A partir de ah¡, se trataría de hacer hermosa nuestra perla. ¿Por qué? No porque esperamos un premio sino porque nosotros somos los que hemos de vivir con nuestra perla, nosotros somos ese tesoro, somos nuestro premio.
Hay una frase en una samba brasileña que me encanta (hay muchas cosas intuitivas en la cultura de la humanidad). Dice así: "Poco a poco he construido mi apogeo". Precisamente esto es lo único que hacemos: con nuestra vida construimos nuestro propio apogeo y si
lo hacemos, construimos a la vez el apogeo de todos, el histórico, el cultural.

Parece complicado de concebir la noción de no-tiempo desde una posición estrictamente racional...

Sí, pero creo que tenemos que dejar el lugar al misterio. Me parece muy importante reclamar el lugar del misterio. Esa gran arrogancia e insensatez del hombre nos ha llevado a querer poseer, nombrar, medir y controlarlo todo.
Este ha sido uno de los vértices de nuestro problema. Desde esta posición no hay lugar para el misterio. Si dejamos lugar al misterio, nos respetaríamos más. Creo que tiene que ver con un cambio radical en la forma de mirar y, de hecho, en toda forma de relación.
Me acuerdo de una obra tuya donde explicas muy bien la diferencia entre la mirada que mide, controla y posee, y la mirada que respeta y vive lo que no conoce. Me refiero a la instalación bicanal Going Through Languages (1981). En uno de los videos, el que llamas Lenguaje personal, recorres con un movimiento de cámara subjetivo el cuerpo de dos mujeres que hablan en un espacio privado (Marta Moya y Noni Benegas). De esta situación nos ofreces fragmentos de sus gestos, del espacio que habitan y del que las relaciona. La cámara se mueve envolviéndolas, se involucra en la escena y así tu mirada
parece con vestirse también en una presencia corpórea. A esta forma de filmar, contrapones el otro video, Lenguaje público. La cámara, en este caso, se sitúa en una posición fija y distante sobre lo que mira, un concurso de Miss Universo reproducido directamente de una emisión de televisión en Nueva York - no por casualidad se trata
del cuerpo de las mujeres. De hecho, uno de los núcleos de tu trabajo es la creación de formas de mirar que nos dan una comprensión más integral de la realidad en vez de utilizar el binomio sujeto-objeto.

Para mi ahí está la clave. Estoy con Blake cuando decía "Si limpiamos las puertas de la percepción, todo aparecer ante nosotros como es, infinito". Busco una mirada que no condicione tanto lo mirado. Me interesa una cámara que me permita tener lo que está detrás, delante, porque quiero hablar de totalidades. En Indian Circle (1981), por ejemplo, me propuse este ejercicio. La cámara bailaba con el músico Peter van Riper que iba improvisando y moviéndose el espacio. Utilicé la cámara como si se tratara de un telón que se iba abriendo permanentemente y me mostraba aquello que yo no sabía. De hecho, es lo que nos‚ lo que me interesa. En el fondo, con esta idea volvemos a la noción de no-tiempo. Reconocer la no-imagen querría decir dar todas las imágenes. Por tanto, se trata de mostrar también lo que no ves. Ahí está el secreto, ahí está todo.
Como la cinta de Möbius que utilicé también en otra ocasión: dar la posibilidad de las dos caras, de una cierta totalidad.

Durante estos días he releído el libro Yo, Tú, Nosotras de la filósofa feminista francesa Luce lrigaray y me he dado cuenta de que algunas de las reflexiones que propone están muy asociadas a las artes visuales y me remiten a tu trabajo. Por ejemplo, cuando habla de su decepción frente a obras de arte de mujeres porque no encuentra una belleza nuestra y nos anima a soñar y crear formas bellas. Irigaray piensa que no debemos renunciar a la representación sensible porque es un modo de comunicación privilegiado y añade: "Con esta intención, la belleza de nuestras obras es el soporte que nos permite pasar de la naturaleza al espíritu, permaneciendo enteramente en lo natural. Aunque las tendencias postconceptuales del arte y de la crítica no han querido profundizar en la noción de belleza, tú has insistido en hablar de ella. ¿Podrías explicarnos qué es para ti?

Estaría de acuerdo con la definición de lrigaray. Creo que la belleza es una de las grandes llaves. Primero, impregnarte de la belleza de la naturaleza, reconocerla y honrarla. El otro día miraba imágenes de microscopio electrónico del interior de las células del cuerpo humano y son espléndidas, son como una caja china. Los hindúes lo han expresado muy bien: es como un palacio, dentro de un palacio, dentro de un palacio, dentro de un palacio... Una cosa refleja la otra.
Ves una imagen de la irrigación de la sangre en un pulmón y una imagen de un río tomada desde el espacio y ves lo mismo: la misma estructura, el mismo mensaje, la misma comunicación, el mismo fluir... esto es de una belleza... Cuando hablo de belleza no hablo de algo que puede poseerse. Hablo de una belleza viva, brutal, que nos despierta, que nos anima, que nos sacude en algún momento, que nos llena, que nos ayuda a darnos cuenta de quién somos y dónde estamos, siempre respetando el misterio. El arte es uno de los
lugares donde se puede hacer visible esto.

Desde Louise Bourgeois ha habido muchas artistas que han utilizado la representación de la casa con finalidades diversas. Tú la has citado en el título de las obras Descansan como en la casa materna I y II (1992-93) y la has tratado de forma central en En el cor de les coses (1998). ¿ En qué sentido utilizas la noción o la metáfora de la casa?

La casa en realidad es el ser. Fíjate en la búsqueda de las moradas de San Juan de la Cruz y de Santa Teresa. Nosotros somos nuestra morada. Las representaciones de la casa como lugar árido y aséptico que los artistas, mujeres y hombres, están utilizando actualmente para hablar de nuestro hábitat, da el reflejo exacto del lugar estéril en el que nos encontramos. Así entendida, la casa se parece más a una prisión que a otra cosa. Pienso que sería necesario redefinir la morada como lugar fértil de crecimiento, mucho más orgánico, en el que la riqueza entra y sale, donde hay una transmutación alquímica.
Entenderla como una plataforma desde la cual recibimos al mundo.
Allí nos llegan las riquezas: los materiales, los brillos, los conocimientos y a partir de todo esto, en este magnífico laboratorio, creamos nuestro lugar para amar, para encontrarnos, para cocinar... nuestro lugar propio, en constante recreación. La casa no es sólo un lugar funcional. iNo! Hay actividades profundas del ser que están sucediendo en la casa. Los lugares de la casa tienen que concebirse para ser transformables y transformados, múltiples, variables, de sorpresa.

Tú empezaste a trabajar con los colores muy pronto. En algunas obras, por ejemplo, en la videoinstalación titulada Camps de color (1995), sumergías al/la espectado/a en baños físicos de color. Has habado muchas veces del color como luz y energía ylo has convertido en presencia fundamental en tus trabajos. Curiosamente, Luce lrigaray hace una reflexión sobre los colores que me da una dimensión nueva. Dice "(...)El color me parece lo que subsiste de la vida más allá de las formas, más allá de la verdad o de las creencias, más
allá de la felicidad y el dolor aprendidos. El color expresa muestra naturaleza sexuada, esa dimensión de nuestra encarnación (...).
Cuando todo lo que concierne el sentido nos ha sido arrebatado, nos queda el color, los colores, en particular los que corresponden a nuestro género (...) los colores que nosotras llevamos dentro por nuestra condición de mujeres. Los colores están también presentes
en la naturaleza (...)y expresan la vida, su devenir, y su evolución según los días, las estaciones, los años. En el mundo que nos rodea ¿Qué sentido tienen en Invitaciò a l'abundáncia los colores en las botellas de plástico?

Me salí muy pronto del mundo matérico y empecé a interesarme en seguida por comprenderla materia como energía. Me coloqué por intuición en la ecuación einsteniana, en ese lugar donde todo fluye. Desde ahí, la luz es lo primero y los colores la manera en que se manifiesta esta energía. En la instalación, las botellas contienen colores líquidos que representan las energías puras antes de haberse materializado y también sugieren el inconsciente. Dentro de las copas, los colores incluyen la forma, son deseos y dones materializados. La luz blanca que baja constantemente es el río de energía, también desde un punto de vista metafórico. En nuestra dimensión, la luz se transforma en todos los colores y toma cualidades distintas. No es lo mismo una energía roja que una amarilla, no tienen nada que ver una con la otra porque posibilitan cosas distintas. La roja, por ejemplo, está más ligada con el primer chacra, con lo sensual y lo sexual, lo visceral, la sangre... La verde, por ejemplo, está ligada con otro gran centro, el corazón de la naturaleza. La azul es una energía mucho más espacial que tiene que ver con lo mental. La morada es la vibración más rápida. La blanca es la espiritual. Los colores no son casuales en las cosas ni en los animales ni en nosotros. Todo está ligado.

Las botellas están encima de un dibujo.

El dibujo está en la base. Es un plano en planta, un mándala, una estructura matemática. Debajo de todo está el número, como para los árabes, con todos sus significados. En este caso, está el ocho porque se forma al colocar juntas dos copas. En numerología, el ocho es la máxima realización en la materia. En la estructura de este plano, el ocho posibilita también la creación de un tejido que se forma con los brindis en los diferentes ejes del octógono. Esta estructura permite también que el brindis pueda extenderse en todas
las direcciones del planeta. Por lo tanto se trata de un tejido matriz.
Sobre este plano están las botellas, el soporte energético, que sostienen el cristal y forman una construcción, una sala hipóstila. Las copas que contienen los sueños están encima. Sería una especie de templo con planta y columnas. Una construcción muy frágil y transparente. Curiosamente, en la película de Bertrand Tavernier, Tout commence aulourdhui, también encontramos una artista que utiliza las botellas y los colores para transformar una situación. Se trata de una coincidencia significativa.

Aunque tú no te dedicas a la enseñanza como profesión, has dado varios seminarios y talleres de luz. Me gustaría preguntarte cómo te has planteado el tema de la transmisión de saberes.

Lo más importante es continuar viva en cada momento, aprendiendo siempre. No existe el enseñar fuera del proceso de aprender. Esta es otra de las falacias de nuestra cultura. En la antigüedad, ser alumno no era mas que estar al lado del maestro un tiempo, aunque
fuera fregando el suelo. Otro de los errores de nuestra cultura es estratificar las tareas y a partir de ahí, crear jerarquías de clases. Por eso se rechazan ciertas tareas realizadas por las mujeres. Se cree equivocadamente que hay tareas más altas que otras. No es así. Por
ejemplo, limpiar es cambiar toda la energía de la casa. Esta es una tarea altísima si sabes lo que haces. Tendríamos que comprender y honrar todas las actividades, los servicios, las contribuciones. Algunas de esas tareas que se desprecian, en gran parte las han hecho
las mujeres y ahora, cuando les toca a los hombres parece que estamos negociando: bueno, ¿quien lava hoy? Con estos planteamientos sólo conseguimos discutir quién lleva el peso, empequeñecemos todas las tareas y no comprendemos nada de nuestra vida. El
gran viaje está en todo. Los monjes budistas lo entienden bien: barren, se vuelve a ensuciar y vuelven a barrer, tal y como cada día respiramos. Se trata de hacerlo desde ese lugar nuevo, comprendiendo lo que haces, siendo consciente de tu propio cuerpo, de lo que está pasando, del tiempo, del no-tiempo, de los ciclos, de que las hojas caen y las recoges... En esta situación de conciencia es donde todo se transforma. No se trata de dividirnos lo malo, como hacemos hoy en día. No nos damos cuenta de que el que lleva el agua al río y la va a buscar - que parece el esclavo de todos - es el único que tiene el tesoro. Y todos los demás, que no hemos ido al río para no cansarnos, estamos sin saber de dónde viene el agua, sin el contacto con el río, sin el viaje, desconectados. Como en la película de Joseph Losey, The servant, al final, el sirviente es quien lo sabe hacer todo y tiene todo el poder. En el fondo, es el poder enorme que tenemos las mujeres.

Pero actualmente parece que no siempre lo entendemos así y perdemos mucho...

Claro, porque no se trata de un intercambio rápido de roles o de querer parte del pastel a cualquier precio. Se trata de un viaje hacia el conocimiento, no de un viaje para ganar parte del poder. En la medida en que nos quedemos enganchadas en la lucha por la parcela del poder, estaremos siguiendo el juego.