Eugènia Balcells
(Barcelona, 1943) es artista. Formada en la Universidad de Iowa (Master
en Arte, 1971) se instaló en Estados Unidos durante dos largos
periodos de su vida y desde 1988 vivió a caballo entre Nueva
York y Barcelona, ciudad en la que ahora reside. Sus primeras obras
la sitúan en el ámbito de investigación del arte
conceptual, una tendencia de vanguardia en la que, por primera vez en
Cataluña, las mujeres participan como protagonistas. Su concepción
multimedia de la práctica artística es también
pionera entre los/las artistas de su generación en España.
Partituras, videos, películas, instalaciones audiovisuales, performances,
libros de artista y murales son algunos de los soportes y lenguajes
utilizados por la artista. Sus últimas exposiciones han sido
Sincronías (1995) en el MNCARS y En el cor de las cosas (1998)
en el Tinglado 2 de Tarragona A finales del mes de febrero presentó
una nueva obra en la exposición colectiva que inauguró
la Galería 44 en Barcelona.
Para esta primavera, Eugènia Balcells trabaja en un proyecto
sobre Virginia Woolf en colaboración con la teórica literaria
Nora Catelli, que se presentar en el Centre de Cultura Contemporánea
de Barcelona (CCCB) dentro del ciclo "Los faros del siglo XX".
A finales de los sesenta, durante tu primera estancia en los Estados
Unidos (1968-75), tuviste ocasión de vivir la emergencia de los
movimientos sociales que luchaban inspirados por una utopía,
un sueño compartido. Tu último trabajo, Invitació
a L'abundància (1999), también habla de sueños.
En este caso, parece tratarse de deseos individuales, formulados a través
de la fantasía en forma de cuentos.
¿De qué forma relacionarías el deseo con la utopía?
El deseo
es el motor, el impulso interno que se origina en las aguas del pozo
personal y profundo. Cuando llegamos a estar conectadas con nosotras
mismas, el deseo nace de la pura esencia. La utopía sería
como una suma de deseos y sueños particulares que elaboran un
tejido común donde es posible la vida para todos. Creo que los
deseos profundos de nuestro ser coinciden: todos queremos ser felices,
todos queremos crecer, desarrollarnos, vivir con posibilidades, todos
queremos ser bellos, todos queremos, profundamente, compartir. Tanto
los deseos como las utopías son muy importantes.
Por otro lado, me gusta mucho la idea de laboratorio. La utopía
como laboratorio de sueños. Ahora que las utopías están
desacreditadas, para mi es esencial recuperar la imagen de laboratorio.
No se trata de implantar una nueva utopía pétrea e inamovible,
sino de crear un lugar para el sueño. Soñar es esencial,
está en la base de todo: soñar un lugar mejor para las
mujeres, para los niños, para los hombres; soñar una posibilidad
de más justicia social, de mucha más felicidad, de belleza,
de brillo, de encuentro, de comunión.. etc.
Todo esto no sólo es un sueño lícito sino necesario.
Entramos en el siglo XXI muy bajos de sueños.
¿De
qué manera los cuentos infantiles y populares son un referente
para ti en ese proceso de análisis y proyección del deseo?
En este
momento, estoy muy interesada en los cuentos. En esta última
instalación los trabajo directamente. Invitaciò a L'abundància
está hecha con copas que contienen en su interior objetos minúsculos.
Como en los cuentos, aunque estas cosas se vean pequeñas son
muy grandes. Parecen pequeñas porque las vemos de lejos, porque
las intuimos, porque están en el inconsciente pero, en realidad,
son inmensas. En estos pequeños objetos están todos los
grandes arquetipos: el guardián, el hada, el castillo, los enanos...
etc. Los enanos son los grandes trabajadores del inconsciente, se hallan
en el interior de la tierra recogiendo las riquezas. Fíjate que
los hacedores de este trabajo también son minúsculos,
pero tienen mucho poder! Los enanos te pueden conceder un palacio y
pueden transformar la paja en oro. Esto tiene mucho que ver con la alquimia.
El trabajo interior también funciona así.
En los cuentos encontramos
los arquetipos y las sombras, que trabajó Jung y considero referencias
muy importantes. Por un lado, siempre nos encontramos con el príncipe
y la princesa, una serie de tareas que hay que hacer para llegar a la
boda y el reino. Por otro lado, tenemos las sombras que son el trabajo
con la dificultad. Encontrarte en el bosque con lo salvaje, por ejemplo,
el dragón, y tener que atravesarlo. No es lo mismo ignorarlo
o escaparte, tienes que vivir esas sombras para llegar a un lugar de
conocimiento mucho m s profundo: la boda. Me refiero a una boda interior,
la boda alquímica, la unificación de los poderes: de lo
masculino y de lo femenino. A partir de ahí, se llega al reino.
¿Qué quiere decir el reino? La posibilidad de reinar en
nosotros mismos, ser dueños de nosotros mismos y d‚ nuestro
lugar. Esto es un aprendizaje largo que en los cuentos populares de
todas las culturas están de una forma muy simple pero muy fuerte.
Los cuentos son muy iniciativos y no son sólo para niños.
Los niños están muy conectados con el inconsciente propio
y con el colectivo. Después, la cultura nos impide en cierta
esta conexión. Las copas en lnvitaciò a l'abundància
contienen liquido de colores que sugiere ese inconsciente. Hay mucha
gente que ha hecho trabajo sobre este tema. Los discípulos de
Jung, por ejemplo, M.L. von Franz. Ahora estoy leyendo El camino del
despertar los cuentos de Ana Maria Schlüter, una maestra zen.
Actualmente, en nuestra cultura, esta lectura profunda de los cuentos
no se considera fuente de conocimiento.
No, y además se ha perdido completamente la costumbre de
leer un cuento en familia. Por un lado, creo que la idea de leer en
voz alta se tiene que recuperar urgentemente. Creo que es importantísima
porque significa estar compartiendo realmente este río que es
la palabra y el significado.
De hecho, esta exploración de los arquetipos en los cuentos,
me recuerda tus películas experimentales e instalaciones de finales
de los 70, donde investigabas lo que podríamos considerar cuentos
modernos. Mostrabas cómo las películas de Hollywood, la
publicidad y la cultura visual en general presentaban los nuevos príncipes
y princesas, las bodas y los palacios pero completamente vacíos
de significados transcendentes. Por ejemplo, la película Boy
Meets Girl (1978), la instalación Re- prise (1977), el libro
Anar i Tornar (1979) que realizaste con Carles Hac Mor. Sin embargo,
a la luz de Invitació a l'abundància, parece que esas
mismas obras también podrían leerse desde otro ángulo...
Siempre miramos las cosas desde lugares distintos. Vamos haciendo
nuestra ida y vuelta, nuestro círculo de retorno en forma espiral.
En este viaje, que repetimos muchas veces, nunca llega exactamente al
mismo sitio. Soy la misma persona que hizo trabajo Fin (1978) donde
exploraba el guión de la fotonovela, encuentro del hombre y de
la mujer que se prometen felicidad para siempre. En aquel momento, hice
una lectura muy crítica de esos finales. Me interesaba señalar
que, en realidad, el fin de la fotonovela es un principio, porque lo
interesante es saber qué pasa después de esa declaración.
Hoy en día, a un cierto nivel, continúo manteniendo una
posición crítica. Sin embargo, lo que ahora estoy haciendo
es señalar que, por encima del estereotipo está el arquetipo.
En este caso, el arquetipo tiene que ver con la unificación de
lo femenino y lo masculino. Creo que es importante darse cuenta de que
este arquetipo nos rige y debemos honrarlo a doble nivel: a nivel interior
para que la unificación pueda suceder en nuestro propio interior
y nivel externo. Me refiero a que es importante no deshacer el equilibrio
cuando reivindicamos nuestro espacio propio. Hemos visto muchas mujeres
que, para estar en el ámbito de la política, por ejemplo,
han tomado el rol masculino y han acabado haciendo una caricatura de
él. Pero, finalmente ¿quién sufre? La parte femenina.
Creo que, en este momento, hemos de ser conscientes de este desequilibrio
y evitarlo. Evitarlo -y ahora ya voy a utilizar una palabra difícil-
a partir del amor.
Hablar del amor no está muy de moda, y menos en el mundo
del arte contemporáneo.
No, no está de moda hablar del amor, pero me da igual. Creo
que el amor es el gran tema. Ha sido el gran tema durante toda la existencia
de la humanidad. Los grandes sabios, tanto los de nuestra tradición
como los sabios sufíes y otros, han llegado a poder darle
palabras. El amor es el gran acto, es la actitud, es la luz, es la sabiduría.
Todo está ligado. El gran error de nuestra época es creer
que esta sabiduría puede existir en abstracto, sólo en
la mente. Es como si hubiéramos convertido un río en canales:
le hemos quitado
el vigor. Hemos separado la sabiduría del amor, como si se pudiera
llegar al conocimiento sólo desde nuestra parte mental. Sabiduría
es la totalidad. Los antiguos lo tenían muy claro. Del amor es
de donde sale todo, es la fuente que nutre. Hace falta reconocernos
más unos a otros, agradecernos más y honrarnos más.
En la configuración de tus referencias vitales y artísticas,
a menudo has recuperado tus vivencias junto a las figuras femeninas
de tu familia. Por ejemplo, el jardín de tu bisabuela birmana
y de su hermana. También has trabajado con objetos procedentes
del ámbito de esas relaciones: por ejemplo, el álbum de
postales de tu abuela la película Álbum (1975), sus copas
de cristal para la música de Invitaciò a l'abundància
(1999) y de forma central, en la instalación En el cor de les
coses (1999), en la que reconstruyes de forma metafórica la casa
de tus padres a partir de los objetos, muebles y electrodomésticos
originales. Esta obra está dedicada a tu madre, a tus hermanas,
a tus amigas, a tu maestra y, finalmente, como escribías en la
dedicatoria del catálogo, a todas las mujeres.
¿Este reconocimiento explícito de tu genealogía
femenina y el narrarte a través de esas relaciones con mujeres
tendría algo que ver con el proceso del que nos hablas, la idea
de resignificar el amor?
Tiene
que ver con la necesidad de honrar que te he mencionado. De momento,
creo que hemos honrado más lo que nos ha llegado a través
de la cultura oficial, a través de los libros generalmente escritos
por hombres. En cambio, hemos honrado poco la aportación constante
y permanente de todas las mujeres del planeta. Este es el principio
de todos los males. Si esta contribución de las mujeres estuviera
honrada, la situación sería completamente otra. Por ejemplo,
cuando se reunieran las Naciones Unidas, veríamos reunirse a
la Madre y al Padre, a las mujeres y a los hombres. No se trata de igualdad
de roles pero sí de igualdad de números, que quiere decir
igualdad de poderes, que significa igualdad de honra. En estos momentos,
me interesa más hablar de honra que de poder. El poder pasa por
la lucha y el peligro de la lucha es que condiciona. Honrar, en cambio,
es colocar las cosas en su sitio. Si tuviéramos todas las cosas
honradas, este planeta sería completamente distinto.
Algunos
de tus trabajos parecen iniciar una reconstrucción de tu propio
pasado personal incluso, a veces, de situaciones de las cuales huiste
en un momento determinado. ¿Qué lugar tiene lo autobiográfico
en tu obra y de qué manera concibes la relación con el
pasado?
Curiosamente
mis trabajos han acabado siendo, en parte, autobiográficos pero
en un principio no los proyecto así. Cuando concebí En
el cor de les coses, los objetos no venían necesariamente de
mi casa sino que me proponía obtenerlos en cualquier sitio. Casualmente,
mientras trabajaba en el proyecto, mi familia puso a mi disposición
parte de los objetos de la casa de mis padres, de donde yo había
salido para casarme. Todos mis trabajos empiezan hacia afuera y después
me recolocan en el proceso, me obligan a hacer un trabajo hacia adentro.
Por ejemplo, From the Center (1982-83), instalación que hice
en Nueva York, al principio estaba como un círculo que trataba
de la coexistencia de doce visiones desde un punto fijo, pero todavía
no tenía centro. Este hecho me obligó a hacer un trabajo
muy importante sobre mi propio centro, que en aquel momento no tenía
previsto. Me gustaría que entendieras que trabajo sin saber nada.
Tengo una intuición, voy siguiendo el hilo, y se me va revelando,
desvelando, y la acompaño hasta que está realizada. Comprendo
más la obra, después. Es cierto que estoy muy implicada
en mi obra pero no hago autobiografía.
En cuanto
a mi relación con el pasado, vuelvo a la idea de laboratorio
que te mencionaba al principio. El gran laboratorio es esto: los sueños
y la memoria, viviéndolos siempre desde el presente. Se trata
de ir a ver que pasó y qué hiciste sin darle un sentido
de culpa o de autoflagelación, sino para comprenderlo y liberarlo.
El otro día, en el periódico, Vázquez Montalbán
y Albert Boadella hablaban precisamente de la necesidad de cultivar
la memoria y la utopía en este nuevo milenio. Yo ampliaría
el concepto de memoria histórica para incluir también
nuestra memoria evolutiva. Es decir, se trataría de tomar conciencia
también de nuestro proceso y de nuestro ser biológico.
Consideremos tres tiempos: el tiempo histórico que podemos representar
con una línea, el tiempo cíclico (las estaciones, el día
y la noche, el tiempo de la naturaleza) y paralelamente, el tiempo de
la evolución, que sería la suma de estos dos y representaríamos
con una espiral. Si desde el presente te sitúas en esta comprensión
más global del tiempo y la asumes, puedes incluso limpiar el
pasado, dejar ir lo negativo, llenarlo de luz, sanarte, incorporar el
aprendizaje y las experiencias de otros y las tuyas.
(Mientras
me explica estos tres conceptos de temporalidad y su representación,
Eugenia los dibuja sobre el papel que tiene delante). ¿Puedes
explicar un poco más esa noción de temporalidad global?
Significa
que todo coexiste en la evolución. Por lo tanto, hay muchos tiempos
pero no hay ninguno. ¿Qué quiere decir el no tiempo? Que
puedes, desde una dimensión de espíritu, acceder a cualquier
tiempo que quieras, casi como si estuvieras en un CD. Seria como lo
que cuentan esos casos de personas que han tenido una experiencia de
muerte. Los describe Elisabeth Kübler-Ross, médica suiza
que trabajó cientos de casos similares. Muchos coinciden en la
experiencia de ver pasar toda su vida en un segundo, como una película.
El no tiempo sería esa suma de todo lo que has vivido, pensado,
amado; sería como una gota, como una perla. A partir de ah¡,
se trataría de hacer hermosa nuestra perla. ¿Por qué?
No porque esperamos un premio sino porque nosotros somos los que hemos
de vivir con nuestra perla, nosotros somos ese tesoro, somos nuestro
premio.
Hay una frase en una samba brasileña que me encanta (hay muchas
cosas intuitivas en la cultura de la humanidad). Dice así: "Poco
a poco he construido mi apogeo". Precisamente esto es lo único
que hacemos: con nuestra vida construimos nuestro propio apogeo y si
lo hacemos, construimos a la vez el apogeo de todos, el histórico,
el cultural.
Parece
complicado de concebir la noción de no-tiempo desde una posición
estrictamente racional...
Sí,
pero creo que tenemos que dejar el lugar al misterio. Me parece muy
importante reclamar el lugar del misterio. Esa gran arrogancia e insensatez
del hombre nos ha llevado a querer poseer, nombrar, medir y controlarlo
todo.
Este ha sido uno de los vértices de nuestro problema. Desde esta
posición no hay lugar para el misterio. Si dejamos lugar al misterio,
nos respetaríamos más. Creo que tiene que ver con un cambio
radical en la forma de mirar y, de hecho, en toda forma de relación.
Me acuerdo de una obra tuya donde explicas muy bien la diferencia entre
la mirada que mide, controla y posee, y la mirada que respeta y vive
lo que no conoce. Me refiero a la instalación bicanal Going Through
Languages (1981). En uno de los videos, el que llamas Lenguaje personal,
recorres con un movimiento de cámara subjetivo el cuerpo de dos
mujeres que hablan en un espacio privado (Marta Moya y Noni Benegas).
De esta situación nos ofreces fragmentos de sus gestos, del espacio
que habitan y del que las relaciona. La cámara se mueve envolviéndolas,
se involucra en la escena y así tu mirada
parece con vestirse también en una presencia corpórea.
A esta forma de filmar, contrapones el otro video, Lenguaje público.
La cámara, en este caso, se sitúa en una posición
fija y distante sobre lo que mira, un concurso de Miss Universo reproducido
directamente de una emisión de televisión en Nueva York
- no por casualidad se trata
del cuerpo de las mujeres. De hecho, uno de los núcleos de tu
trabajo es la creación de formas de mirar que nos dan una comprensión
más integral de la realidad en vez de utilizar el binomio sujeto-objeto.
Para mi ahí
está la clave. Estoy con Blake cuando decía "Si limpiamos
las puertas de la percepción, todo aparecer ante nosotros como
es, infinito". Busco una mirada que no condicione tanto lo mirado.
Me interesa una cámara que me permita tener lo que está
detrás, delante, porque quiero hablar de totalidades. En Indian
Circle (1981), por ejemplo, me propuse este ejercicio. La cámara
bailaba con el músico Peter van Riper que iba improvisando y
moviéndose el espacio. Utilicé la cámara como si
se tratara de un telón que se iba abriendo permanentemente y
me mostraba aquello que yo no sabía. De hecho, es lo que nos‚
lo que me interesa. En el fondo, con esta idea volvemos a la noción
de no-tiempo. Reconocer la no-imagen querría decir dar todas
las imágenes. Por tanto, se trata de mostrar también lo
que no ves. Ahí está el secreto, ahí está
todo.
Como la cinta de Möbius que utilicé también en otra
ocasión: dar la posibilidad de las dos caras, de una cierta totalidad.
Durante
estos días he releído el libro Yo, Tú, Nosotras
de la filósofa feminista francesa Luce lrigaray y me he dado
cuenta de que algunas de las reflexiones que propone están muy
asociadas a las artes visuales y me remiten a tu trabajo. Por ejemplo,
cuando habla de su decepción frente a obras de arte de mujeres
porque no encuentra una belleza nuestra y nos anima a soñar y
crear formas bellas. Irigaray piensa que no debemos renunciar a la representación
sensible porque es un modo de comunicación privilegiado y añade:
"Con esta intención, la belleza de nuestras obras es el
soporte que nos permite pasar de la naturaleza al espíritu, permaneciendo
enteramente en lo natural. Aunque las tendencias postconceptuales del
arte y de la crítica no han querido profundizar en la noción
de belleza, tú has insistido en hablar de ella. ¿Podrías
explicarnos qué es para ti?
Estaría
de acuerdo con la definición de lrigaray. Creo que la belleza
es una de las grandes llaves. Primero, impregnarte de la belleza de
la naturaleza, reconocerla y honrarla. El otro día miraba imágenes
de microscopio electrónico del interior de las células
del cuerpo humano y son espléndidas, son como una caja china.
Los hindúes lo han expresado muy bien: es como un palacio, dentro
de un palacio, dentro de un palacio, dentro de un palacio... Una cosa
refleja la otra.
Ves una imagen de la irrigación de la sangre en un pulmón
y una imagen de un río tomada desde el espacio y ves lo mismo:
la misma estructura, el mismo mensaje, la misma comunicación,
el mismo fluir... esto es de una belleza... Cuando hablo de belleza
no hablo de algo que puede poseerse. Hablo de una belleza viva, brutal,
que nos despierta, que nos anima, que nos sacude en algún momento,
que nos llena, que nos ayuda a darnos cuenta de quién somos y
dónde estamos, siempre respetando el misterio. El arte es uno
de los
lugares donde se puede hacer visible esto.
Desde
Louise Bourgeois ha habido muchas artistas que han utilizado la representación
de la casa con finalidades diversas. Tú la has citado en el título
de las obras Descansan como en la casa materna I y II (1992-93) y la
has tratado de forma central en En el cor de les coses (1998). ¿
En qué sentido utilizas la noción o la metáfora
de la casa?
La casa
en realidad es el ser. Fíjate en la búsqueda de las moradas
de San Juan de la Cruz y de Santa Teresa. Nosotros somos nuestra morada.
Las representaciones de la casa como lugar árido y aséptico
que los artistas, mujeres y hombres, están utilizando actualmente
para hablar de nuestro hábitat, da el reflejo exacto del lugar
estéril en el que nos encontramos. Así entendida, la casa
se parece más a una prisión que a otra cosa. Pienso que
sería necesario redefinir la morada como lugar fértil
de crecimiento, mucho más orgánico, en el que la riqueza
entra y sale, donde hay una transmutación alquímica.
Entenderla como una plataforma desde la cual recibimos al mundo.
Allí nos llegan las riquezas: los materiales, los brillos, los
conocimientos y a partir de todo esto, en este magnífico laboratorio,
creamos nuestro lugar para amar, para encontrarnos, para cocinar...
nuestro lugar propio, en constante recreación. La casa no es
sólo un lugar funcional. iNo! Hay actividades profundas del ser
que están sucediendo en la casa. Los lugares de la casa tienen
que concebirse para ser transformables y transformados, múltiples,
variables, de sorpresa.
Tú
empezaste a trabajar con los colores muy pronto. En algunas obras, por
ejemplo, en la videoinstalación titulada Camps de color (1995),
sumergías al/la espectado/a en baños físicos de
color. Has habado muchas veces del color como luz y energía ylo
has convertido en presencia fundamental en tus trabajos. Curiosamente,
Luce lrigaray hace una reflexión sobre los colores que me da
una dimensión nueva. Dice "(...)El color me parece lo que
subsiste de la vida más allá de las formas, más
allá de la verdad o de las creencias, más
allá de la felicidad y el dolor aprendidos. El color expresa
muestra naturaleza sexuada, esa dimensión de nuestra encarnación
(...).
Cuando todo lo que concierne el sentido nos ha sido arrebatado, nos
queda el color, los colores, en particular los que corresponden a nuestro
género (...) los colores que nosotras llevamos dentro por nuestra
condición de mujeres. Los colores están también
presentes
en la naturaleza (...)y expresan la vida, su devenir, y su evolución
según los días, las estaciones, los años. En el
mundo que nos rodea ¿Qué sentido tienen en Invitaciò
a l'abundáncia los colores en las botellas de plástico?
Me salí
muy pronto del mundo matérico y empecé a interesarme en
seguida por comprenderla materia como energía. Me coloqué
por intuición en la ecuación einsteniana, en ese lugar
donde todo fluye. Desde ahí, la luz es lo primero y los colores
la manera en que se manifiesta esta energía. En la instalación,
las botellas contienen colores líquidos que representan las energías
puras antes de haberse materializado y también sugieren el inconsciente.
Dentro de las copas, los colores incluyen la forma, son deseos y dones
materializados. La luz blanca que baja constantemente es el río
de energía, también desde un punto de vista metafórico.
En nuestra dimensión, la luz se transforma en todos los colores
y toma cualidades distintas. No es lo mismo una energía roja
que una amarilla, no tienen nada que ver una con la otra porque posibilitan
cosas distintas. La roja, por ejemplo, está más ligada
con el primer chacra, con lo sensual y lo sexual, lo visceral, la sangre...
La verde, por ejemplo, está ligada con otro gran centro, el corazón
de la naturaleza. La azul es una energía mucho más espacial
que tiene que ver con lo mental. La morada es la vibración más
rápida. La blanca es la espiritual. Los colores no son casuales
en las cosas ni en los animales ni en nosotros. Todo está ligado.
Las botellas
están encima de un dibujo.
El dibujo
está en la base. Es un plano en planta, un mándala, una
estructura matemática. Debajo de todo está el número,
como para los árabes, con todos sus significados. En este caso,
está el ocho porque se forma al colocar juntas dos copas. En
numerología, el ocho es la máxima realización en
la materia. En la estructura de este plano, el ocho posibilita también
la creación de un tejido que se forma con los brindis en los
diferentes ejes del octógono. Esta estructura permite también
que el brindis pueda extenderse en todas
las direcciones del planeta. Por lo tanto se trata de un tejido matriz.
Sobre este plano están las botellas, el soporte energético,
que sostienen el cristal y forman una construcción, una sala
hipóstila. Las copas que contienen los sueños están
encima. Sería una especie de templo con planta y columnas. Una
construcción muy frágil y transparente. Curiosamente,
en la película de Bertrand Tavernier, Tout commence aulourdhui,
también encontramos una artista que utiliza las botellas y los
colores para transformar una situación. Se trata de una coincidencia
significativa.
Aunque
tú no te dedicas a la enseñanza como profesión,
has dado varios seminarios y talleres de luz. Me gustaría preguntarte
cómo te has planteado el tema de la transmisión de saberes.
Lo más
importante es continuar viva en cada momento, aprendiendo siempre. No
existe el enseñar fuera del proceso de aprender. Esta es otra
de las falacias de nuestra cultura. En la antigüedad, ser alumno
no era mas que estar al lado del maestro un tiempo, aunque
fuera fregando el suelo. Otro de los errores de nuestra cultura es estratificar
las tareas y a partir de ahí, crear jerarquías de clases.
Por eso se rechazan ciertas tareas realizadas por las mujeres. Se cree
equivocadamente que hay tareas más altas que otras. No es así.
Por
ejemplo, limpiar es cambiar toda la energía de la casa. Esta
es una tarea altísima si sabes lo que haces. Tendríamos
que comprender y honrar todas las actividades, los servicios, las contribuciones.
Algunas de esas tareas que se desprecian, en gran parte las han hecho
las mujeres y ahora, cuando les toca a los hombres parece que estamos
negociando: bueno, ¿quien lava hoy? Con estos planteamientos
sólo conseguimos discutir quién lleva el peso, empequeñecemos
todas las tareas y no comprendemos nada de nuestra vida. El
gran viaje está en todo. Los monjes budistas lo entienden bien:
barren, se vuelve a ensuciar y vuelven a barrer, tal y como cada día
respiramos. Se trata de hacerlo desde ese lugar nuevo, comprendiendo
lo que haces, siendo consciente de tu propio cuerpo, de lo que está
pasando, del tiempo, del no-tiempo, de los ciclos, de que las hojas
caen y las recoges... En esta situación de conciencia es donde
todo se transforma. No se trata de dividirnos lo malo, como hacemos
hoy en día. No nos damos cuenta de que el que lleva el agua al
río y la va a buscar - que parece el esclavo de todos - es el
único que tiene el tesoro. Y todos los demás, que no hemos
ido al río para no cansarnos, estamos sin saber de dónde
viene el agua, sin el contacto con el río, sin el viaje, desconectados.
Como en la película de Joseph Losey, The servant, al final, el
sirviente es quien lo sabe hacer todo y tiene todo el poder. En el fondo,
es el poder enorme que tenemos las mujeres.
Pero actualmente
parece que no siempre lo entendemos así y perdemos mucho...
Claro,
porque no se trata de un intercambio rápido de roles o de querer
parte del pastel a cualquier precio. Se trata de un viaje hacia el conocimiento,
no de un viaje para ganar parte del poder. En la medida en que nos quedemos
enganchadas en la lucha por la parcela del poder, estaremos siguiendo
el juego.