Las propuestas de
Eugènia Balcells reúnen una serie de elementos que tienen
que ver de un lado con cuestiones generales relativas a la imagen, la
percepción, la concepción del espacio físico y
mental que la obra ocupa y genera; y, de otro, con todo un universo
de elementos personales que dotan su trabajo de una intensidad inusitada.
Una mirada retrospectiva al conjunto de sus obras evidencia que cada
una de ellas es un individuo autónomo y, a la vez, un miembro
de una familia, a la que le unen fuertes lazos y con la que mantiene
una intensa relación. Cada pieza tiene, en aquellas que le preceden,
su genealogía, su origen: y recoge las preguntas que fueron gestando.
Su trayectoria
manifiesta una constante preocupación por la imagen en movimiento.
Ya desde mediados de la década de los setenta, Balcells investiga
la naturaleza de la imagen y la narrativa cinematográfica a través
del vídeo y la cámara de Super 8. Podemos rastrear en
trabajos tempranos como Fuga (1979) y From the Center (1982-83), por
citar dos ejemplos, el interés de la artista por reconsiderar
nuestros hábitos de
relación con las imágenes, reconsiderando la noción
de representación en favor de una visión que privilegie
percepción frente a reconocimiento. Este juego destinado a subvertir
la dimensión epistemológica de la imagen, implica un complejo
proceso de
investigación sobre el lenguaje del medio, la posibilidad de
colarse en el espacio intangible que separa grabación y retransmisión..
Desplazada la atención hacia el encuentro entre imagen y espectador,
la artista crea un espacio simbólico en el que el espectador
deja de serlo, puesto que las obras de Eugènia Balcells no crean
las condiciones de posibilidad para la contemplación de la obra
, sino para la inmersión en ella.
Su investigación
en la interactuación de la imagen con el espectador, para redescubrir
en ese punto de contacto una experiencia vital, y, por qué no
decirlo, estética, ha llevado a la artista a la construcción
de una serie de estructuras y máquinas de soñar que combinan
luz, movimiento y sonido, y que conforman un fascinante laboratorio
de experimentación artística. Como en el caso de las obras
en las que se servía de la tecnología, el conjunto de
las preocupaciones de las que parte Anar –hi anant (título
basado en un poema de Carles Hac Mor), la propuesta para Vostestaquí,
no ha variado; sin embargo, la forma que las soluciones adoptan ha sufrido
una importante metamorfosis.
Si en From
the Center, Balcells partía de la manipulación de una
imagen cotidiana registrada por la cámara, en Anar –hi
anant , el punto de partida son los componentes mismos de esa realidad,
sus fundamentos. De este modo, la artista ha pasado de un interés
por la gramática de la representación, a una fascinación
por su etimología. Y no es gratuito aludir a la idea de laboratorio
si no entendemos éste como un lugar en el que poner en juego
un método de proceder heurístico, en el que refinar la
búsqueda hasta encontrar con una solución inequívoca
al problema planteado, sino como un punto de encuentro entre las posibles
preguntas que la obra plantea -cómo se forma el imaginario, cuál
es la naturaleza de la prioridad de la imagen frente a la palabra, qué
tipo de estímulos o fuerzas moviliza en nosotros la imaginación
visual-, con el conjunto de los elementos que conforman el particular
vocabulario de esta artista.
De hecho,
cada obra es, en sí misma, la creación de las condiciones
necesarias para un suceder, cada obra es una ocasión para poner
de nuevo en movimiento esos “elementos primeros” a los que
la artista ha llegado tras un laborioso proceso de destilación.
Las obras se conciben, entonces, como la oportunidad para el ejercicio
infinito de la
contingencia de lo experimentable.