Por fin el MACBA apuesta - María Luisa Borràs
La Vanguardia - 11/11/96

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Desde el Matisse de la capilla de Vence que filtraba la luz a través de vitrales de color sabemos que la aspiración del pintor a ir más allá de la materia-color, del pigmento, del tubo de pintura, para valerse directamente de la luz es prácticamente una constante. Son incontables los pintores que, atraídos por la idea de transgredir la materia, han venido tratando de pintar sólo con luz; aquí mismo les contaba no hace mucho que José María Sicilia, un pintor que empezó trabajando a partir de la materia-color, últimamente hacía desaparecer la imagen en una suave transparencia a la vez que la búsqueda paciente y constante de la luz le hacía sustituir el acrílico, el pigmento, por la parafina.
Eugènia Balcells pone al servicio de una investigación genuina del origen de la luz el dominio de la tecnología sin jamás perder la facultad de emocionar, de conmover, de actuar directamente sobre la sensibilidad humana. Sus últimas realizaciones producen siempre la sensación de obra de arte auténtica.
"Campos de color" es una instalación sobria que permite observar el color -el color primario, el azul, rojo y amarillo, así como las superposiciones de las que se obtienen los complementarios, el violeta, el anaranjado y el verde- no como pigmento, sino como vibración, como energía. Contemplar cómo el color, hecho de energía, se disuelve y regenera es experiencia difícil de olvidar.
"Traspasar los límites", que en una primera versión se expuso en Mataró, Reus y Lleida el año pasado, consiste en algo tan sencillo como dos proyectores con diapositivas que atraviesan diversas pantallas paralelas. Sin embargo, el efecto es espléndido: una serie de estructuras mínimas, de formas ya sean naturales o geométricas, parecen complementar el origen de la luz con el del origen de la forma.
Hay que considerar las dos instalaciones, "Campos de color" y "Traspasar los límites", como obras entre sí, como las primeras obras de un artista español de envergadura, de peso internacional, de auténtica valía que, por fin, se decide a proponernos nuestro museo. Es de agradecer la pericia de la directora del servicio educativo, Eulàlia Bosch, que ha sabido utilizar ambas piezas como "puerta de entrada a la colección del museo y a sus exposiciones temporales", dos instalaciones tan sugestivas que el crítico sólo puede desear que ambas pasen a integrar los fondos de la colección y se exhiban en permanencia.