Atravesando lenguajes: sobre “el placer de ser cuerpo”
Conversación con Assumpta Bassas, 25 de octubre de 2000.
Publicada en DUODA. Revista d’Estudis Feministes. Nº 20, Año 2001. 

Imprimir

Assumpta Bassas –A través de tus obras y de tu trabajo con las imágenes y el punto de vista, ¿qué podrías aportar a la reflexión sobre el tema “el placer de ser cuerpo”?

Eugènia Balcells - De momento he decidido llamar a mi contribución Atravesando Lenguajes, que es también el título de una videoinstalación sobre el cuerpo – concretamente el cuerpo de la mujer – que realicé en Nueva York en el año 1980 en colaboración con Marta Moia, antropóloga y Noni Benegas, poeta. En esta obra ofrecía la visión en paralelo del cuerpo de la mujer vehiculado por los medios de comunicación, condicionado por estereotipos culturales, y del cuerpo de la mujer libre estando- siendo. La instalación de vídeo consiste en un primer canal con imágenes del concurso Miss Universo del año 1981, donde los cuerpos de mujeres generalmente semi-desnudas para ser evaludados, pesados y medidos. Se utiliza la cámara de forma absolutamente canónica y lineal, es decir, plano general, plano medio y “close up”. De esta manera, la visión se apropia del cuerpo femenino y éste deviene sometido y utilizado. En el otro canal se muestra el cuerpo de dos mujeres en diálogo compartiendo su privacidad, filmado a través de una cámara móvil, montada en un sistema de ruedas. En este caso, el punto de vista nunca es fijo y no se puede delimitar la acción de los cuerpos. Así se puede conceder al cuerpo todo su espacio y toda su identidad, es el cuerpo estando-siendo. También la noción del espacio es completamente diferente. El espacio se hace fluido, todo es posible cuando el cuerpo no tiene una representación fija, cuando ocupa un espacio variable que puede ser enorme o muy pequeño, cuando el cuerpo no está condicionado culturalmente, cuando es libre.

A.B – Entonces, en esta obra estabas hablando no sólo de cómo se representa el cuerpo femenino en los medios de comunicación sino de cómo existen alternativas a la mirada que crean otra noción de cuerpo.

E.B - La representación siempre es siempre una creación. La representación tradicional va repitiendo unos modelos fijos. Se trata de salirse de estos modelos para dar visiones nuevas que amplíen nuestras referencias.

A.B – Estás hablando pues de atravesar aquellas formas de lenguaje que nos limitan y utilizar e inventar otras que nos permitan ser. ¿En qué otras obras desarrollas esta noción del cuerpo estando-siendo?

E.B – Mira, por ejemplo en mi obra reciente Un espacio propio (1999) que elaboré a partir del trabajo de Virginia Woolf y como homenaje a ella. En esta instalación relaciono el cuerpo de la mujer con la “Madre primigenia” que es el mar, la fuerza de la que surge todo. Las primeras amebas, los primeros elementos unicelulares, la primera materia viva en este planeta ha surgido del mar y ésta se desarrolló hasta que aparecieron los anfibios, que fueron los primeros animales capaces de respirar directamente el oxígeno y que evolucionaron hasta llegar a nosotros. Mi punto de partida fue la pintura de Botticelli “El Nacimiento de Venus” , donde Venus nace del mar y surge de la concha como una forma totalmente acabada. A esta imagen cultural y estática del cuerpo de la mujer quise contraponer la imagen de un cuerpo y por lo tanto de un ser que está constantemente naciendo y constantemente recreándose. Quise ver este cuerpo en el mar, haciéndose y deshaciéndose, apareciendo y desapareciendo con cada ola, de manera que nos diera una imagen más próxima y más completa con la que pudiéramos ese cuerpo estando-siendo. No somos un producto acabado, sino que estamos constantemente haciéndonos, reinventándonos. Esto nos da una responsabilidad pero también un poder mayor sobre quién somos y sobre nuestra propia forma. Quería encontrar una representación de lo que creo es la esencia del ser y de la vida : el ritmo. Las olas del mar son para mí la imagen física más clara de esta idea. El placer de ser cuerpo está ligado a esta conciencia de hacerse y deshacerse, a esta danza permanente del ser y el no ser.

A.B –¿Estás hablando del dejarse hacer también?

E.B – Creo que se trata de dejarse hacer y de hacer también, de rendirse y dejarse modelar por la naturaleza y también de luchar, para que las olas no te tumben, aguantarlas para no ahogarte.

A.B – ¿Dónde está el eje de ese cuerpo que se hace y se deshace en ese ritmo? ¿Existe un eje para vertebrarlo?

E.B –El eje es móvil, está en la danza misma y en un cuerpo sabio que encuentra su eje en su propio interior.

A.B – ¿En una obra anterior trabajabas con el cuerpo masculino por qué?

E.B – El trabajo a que te refieres lo hice con un hombre, Sjabbe Van Selfhout, pero podía haberlo hecho con una mujer. Lo que realmente trataba es de la multiplicidad: nosotros/as somos una danza múltiple. Descansan como en la casa materna I, que forma parte de mi obra En Tránsito (1993), consistía en cuarenta fotografías de Sjabbe, en todas en desnudo y sin ninguna manipulación de maquillaje o de ambientación, sobre un fondo blanco de luz. Estas imágenes están suspendidas en el espacio formando un gran círculo, visible desde los dos lados, con un gran espejo convexo en el centro. A través de las imágenes de su cuerpo, Sjabbe pudo mostrar realmente todos los personajes, porque ya estaba muy cerca de su propio tránsito, de su propia muerte. Se manifestaron el niño, la debilidad, la parte femenina, el gigante poderoso, y vi claramente su muerte y su nacimiento, la alegría y el dolor, es decir, toda esta danza de personajes: el animal, el hombre salvaje, lo primitivo que era casi como un lobo o como un perro y también un caracol cerca de la oreja, como seres ancestrales y antiguos de los cuales nosotros provenimos y de los que mantenemos memoria en nuestras células. La danza de todos estos personajes que no eran más que él mismo. El espejo central reunía todas las imágenes, representando el eje de la danza. Este centro donde todos estos personajes se reúnen, junto con el círculo, es la representación del Yo (Selbst). Este esquema circular es también la representación del Sol. La instalación Rueda de espejos que formaba también parte de En Tránsito consistía en un a rueda de espejos en la que el visitante podía verse simultáneamente reflejado de todas las maneras, desde todos los ángulos, en el interior y exterior del círculo, sugiriendo también esta danza múltiple.

A.B –En otra de las instalaciones de En Tránsito presentabas un negativo de ese cuerpo, una especie de radiografía de su interior.

E.B –Sí, las mismas imágenes en negativo del cuerpo de Sjabbe se proyectaban ampliadas sobre la pared pintada de plata y se iban fundiendo unas en las otras . Se trataba de Descansan como en la casa materna II. Es un trabajo centrado en la energía. Al invertir la luz, ésta parece salir de todo el cuerpo, de los orificios de la nariz, de las manos, de los ojos y de la boca indicando el contenido energético sin el cual esta danza no sería posible. No podría haber danza, no podría producirse ese placer de ser cuerpo si no fuera por esa energía que nos inunda, que nos llena y que va más allá de la sangre. Esta pura luz, según los orientales, recorre todos nuestros chakras, el sistema energético de nuestro cuerpo, y se manifiesta en unos centros físicos. Es una energía que tiene un componente físico y otro no físico. Es complicado hablar de esto pero no tenemos más remedio que referirnos a ello con las palabras que tenemos.

A.B – Todo tu trabajo habla de alguna forma de que la noción material de cuerpo y la inmaterial (sea la función cognitiva, la dimensión espiritual...) son indisociables.

E.B – No se pueden separar porque la condición de existir en esta dimensión es existir como cuerpo, es decir como materia y toda materia es a su vez espíritu. Para mí son indisociables, hablar del ser es hablar del cuerpo y hablar del cuerpo es hablar del ser, no los puedo separar.

A.B – En la obra En el corazón de las cosas (1998) la imagen del cuerpo humano no está presente directamente sino a través de la metáfora de la casa y en cada uno de sus espacios, que tú identificas con funciones vitales. De esta manera, ¿estabas trabajando los diversos los niveles de significación del cuerpo en una escala que relaciona lo micro con lo macro?

E.B – Exactamente. Además yo relacioné los cinco elementos de la alquimia con los lugares de la casa. Asocié el aire a la comunicación y a la sala de estar , el centro de comunicación de la casa, donde conversamos tranquilamente en un sillón, vemos la televisión, escuchamos la radio, discos y música y a través de la literatura nos conectamos con a historia y el conocimiento. La sala de estar es un gran centro en el que intercambiamos información a todos los niveles: familiar, social y planetario. Pienso que es muy importante entender lo que sucede en cada espacio de la casa, no desde las paredes hacia dentro , que es tal y como se entiende normalmente, sino, comprendiendo la totalidad y la simbología de estos espacio, a partir de lo que sucede realmente en ellos. Esto es lo que intenté hacer. Por lo tanto, asocié la cocina al fuego, es decir, al diálogo entre el frío y el calor, a la transformación alquímica de los alimentos para preparar nuestra nutrición. El comedor me parece el lugar del banquete, de la comunión. Donde compartimos los alimentos, primero en el ámbito familiar, después en el social y finalmente en el ámbito planetario. Relacioné el dormitorio con el espacio y con la creación, entendida no solamente como reproducción, creación de otro ser humano en un acto de amor, sino como lugar del sueño y de la creación de proyectos e ideas. El dormitorio, es en realidad, un gran centro de creación. Finalmente el baño está asociado al agua, a la purificación y al bautismo, esto es, el agua que cada día nos está limpiando. Si por un momento nos imagináramos el mundo sin agua, sin poder limpiar nuestro cuerpo, nuestra ropa, los platos que se acumulan un día tras otro y nuestro entorno, nos daríamos cuenta de lo básico e importante que es el agua. Daríamos gracias a esta gran madre de la que provenimos y que además nos nutre y cada día nos abraza, nos acaricia, nos limpia. Como no comprendemos estos elementos desde un lugar realmente fuerte, tenemos que recurrir a las normas. Hemos maltratado a la naturaleza pensando que todo el mundo material está a nuestro servicio sin darnos cuenta de que se trata de nuestro propio cuerpo. Creo que hemos de honrarnos a nosotros/as mismos/as, a nuestro cuerpo y al mundo, conceptos totalmente olvidados en nuestra cultura.

A.B –Creo que también has trabajado alguna vez la relación que se da entre dos cuerpos y dos seres que se encuentran.

E.B – Sí , la obra ‘Sincronías’ (1995) que presenté en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía en Madrid es la danza del dos, es el encuentro, el abrazo, el baile que representa que dos seres se comuniquen, al nivel que sea, en un momento dado. Como hice en la obra ‘Traspassar límites’ (1995) hay dos imágenes que se encuentran manteniendo su brillo inicial, es decir que se funden sin anularse la una a la otra. Para Sincronías me inventé un sistema de pantallas giratorias con una doble proyección de vídeo: la imagen de una persona desde un lado y la otra persona desde el lado de manera que al ser proyectadas sobre las superficies translúcidas de las pantallas, se relacionan en el movimiento. Al girar las pantallas, una serie de personas se encuentran en esa gran danza de relaciones. Esto sucede a un doble nivel, formando una especie de árbol de familia. Se trata de un sistema compuesto por dos balanzas, con una pantalla giratoria y dos proyectores en cada una, unidas a través de un sistema de poleas con un gran peso dorado en el centro que las mantiene en de alguna manera simboliza el eje invisible que sostiene toda esta danza múltiple.

A.B – Hablas siempre de nociones del cuerpo sano y de comunicación profunda, ¿no te interesa trabajar el cuerpo enfermo o el camino hacia la curación?

E.B –Creo que en este momento nos hace falta tener imágenes que nos inspiren, porque imágenes de enfermedad y desarmonía las tenemos rodeándonos hasta la saciedad - sólo hace falta poner la televisión un segundo. El análisis de las razones por las que las cosas no funcionan es necesario pero no podemos quedarnos sólo en esto. En la medida que nos sanemos y mantengamos en nuestra mente imágenes del mundo como un lugar apasionante, lúcido, armónico, de imaginación y de creatividad, estas imágenes se harán visibles. De esta curación depende el placer de ser cuerpo.

A.B –¿En que tradición de imágenes sitúas pues tu trabajo?

E.B – Trabajo con imágenes de distintas culturas. Los grandes sabios de todas las culturas nos han dejado un legado muy importante. Creo que vale la pena, en nuestro viaje hacia delante, recuperar lo de atrás, no para repetir unos ritos y unas formas, sino para recuperar las esencias de la sabiduría, para actualizarlas en nuestro cuerpo y en lo que nos rodea, inventando nuestro cuerpo y nuestro mundo.

A.B –Entonces,¿tu crees que el poder de las imágenes es importantísimo en este sentido?

E.B –El poder de las imágenes y el poder del lenguaje es enorme. Al principio era el verbo, es decir la palabra configura la realidad, es como un mandato, y las imágenes lo mismo. Las palabras y las imágenes son los dos grandes poderes. Mantener en nuestra mente una imagen catastrófica es llamar literalmente a la catástrofe. Mantener en nuestra mente imágenes enfermas es evocar la enfermedad. Hacer el esfuerzo de que nuestra mente, que no está acostumbrada a ello, cultive, como en un jardín, visiones hermosas es crear el mundo en el que queremos vivir. Y no nos confundamos, no estoy hablando de imágenes blandas sino de imágenes a las que se ha llegado desde el conocimiento, habiendo pasado por la duda, la enfermedad y el dolor, sin huir para pasar a una especie de paraíso artificial.

A.B –¿Podrías poner un ejemplo, de una de estas imágenes que tiene ese potencial de significados simbólicos y que nos sitúan en la comprensión del cuerpo sabio?

E.B –Claro, una imagen preciosa, muy conocida y que de alguna manera revela y resume lo que estamos hablando: se trata de la última imagen del Tarot, llamada El Mundo. Consiste en un cuerpo en el centro, con una orla y cuatro imágenes en las esquinas. Según la interpretación de Sallie Nichols, analista junguiana, el cuerpo central es un bailarín/a que se apoya solamente con un pie en el suelo, con sus dos brazos abiertos. Lleva una especie de pañuelo que le cubre parcialmente, no por pudor porque está enseñando el pecho. Tiene el pelo, el pecho y la cara de mujer pero la cadera estrecha y las piernas más bien masculinas dándonos la idea de que podría tratarse de un ser en el que se combinan lo femenino y lo masculino. Es un ser simbólico en el que de alguna manera los opuestos se han llegado a combinar, un bailarín/a en su danza. Sostiene dos barras, una en cada mano, que representan lo positivo y lo negativo, los dos polos. Estamos en un mundo polar y este bailarín no está más allá de la polaridad sino que la baila, enmarcado/a por esa gran guirnalda que es la naturaleza, un círculo o un óvalo, que lo/a rodea. Fijate, volvemos a la imagen de centro que es la imagen del Yo de la que hablábamos al principio, del “Yo mismo” que ha conseguido llegar al fin de su viaje. Es decir, renacer a un estado de conocimiento. La forma ovalada de la guirnalda sugiere también los labios de una vulva, de un sexo femenino, de manera que este ser está naciendo. Sugiere también una semilla. Nacer al estado de conocimiento es nacer a la danza, al cambio permanente, sintonizada con la naturaleza y con los dioses, donde se es con plenitud un “cuerpo-ser”. Esa danza simboliza, como la danza sagrada de Shiva, la creación y la destrucción permanentes. Respecto a los personajes que rodean al bailarín-bailarina, los dos superiores, un ángel y un águila son alados y los inferiores, un león y un toro no lo son. Los cuatro personajes representan las cuatro direcciones del espacio y en la cultura judeocristiana los cuatro evangelistas. En realidad, se refieren a las cuatro potencias: el toro, representa la tierra, la estabilidad, la paciencia, la perseverancia y la sustancia pura; el león representa el fuego, la creación, el espíritu encarnado y la resurrección; el ángel representa el aire, también el signo de acuario y la relación ideal, la búsqueda de la verdad, la fraternidad universal y la relación del conocimiento perfecto con la forma perfecta y el águila representa el agua y el poder emocional, es el ave Fénix que renace de sus cenizas y representa también la muerte y la regeneración. Me gustaría acabar con estas cinco líneas de los Four Quartets de T. S. Elliot :
En el quieto punto del mundo que gira.
No era carne, ni estaba sin ella;
ni procedía de ni iba hacia...
en el quieto punto, allí está la danza,
pero ni detenida ni en movimiento.


Podemos pensar en este punto como el eje de la danza, el centro en el cual, las imágenes se van trenzando. Esta trenza hace que todo esto tenga un sentido personal, encarnado. Es la esencia del yo mismo, el eje que pasa a través de todos los chakras, y está conectado con el cosmos y con la. Sería como un hilo de plata muy fino que pasa por todos nuestros centros energéticos.

A.B – Esta última idea me sugiere tu obra del vestido suspendido que gira en su propio eje y está habitado por la luz que a la vez lo conecta con la tierra y con el cielo.

E.B – En cierto modo si, pero el vestido es lo que lo contiene. El interior vacío sería propiamente la luz, esto es , el ser, el conocimiento puro, absoluto. En la medida que nosotros/as conectamos con esta luz tenemos mucha más libertad de bailar sin perdernos ya que estamos conectados/as con un eje que a la vez es nuestro y cósmico. La imagen del ser/cuerpo como bailarín/a es una imagen muy hermosa, pero no se corresponde con la imagen fija, conecta el microcosmos con el macrocosmos y representa un lugar de gloria. Este seria nuestro ser completo. Es un ser libre, un ser que puede mostrarse en su desnudez, pero que tiene un cierto pudor de tapar unas partes porque son su fuerza y su secreto personal, su laboratorio íntimo, pero está elaborando las esencias. Este ser completo, que ha llegado al final del viaje, a la culminación del viaje encarna el placer de ser cuerpo.